Regularizar no es una invasión: derechos, realidad y desmontaje del miedo en el proceso de regularización en España

La regularización de personas extranjeras en España no es una invasión, es una cuestión de derechos y justicia social. Frente a los discursos de miedo y desinformación, esta entrada analiza el proceso de regularización desde los datos reales, desmontando bulos como el “gran reemplazo” o el supuesto colapso de los servicios públicos. A través de cifras oficiales y una mirada crítica, el artículo pone en valor la aportación de las personas migrantes a la economía, el empleo, los cuidados y la sostenibilidad del sistema público, al tiempo que señala cómo el racismo y la deshumanización se utilizan como herramientas políticas. Una reflexión necesaria para cambiar miradas, devolver complejidad al debate y situar la vida, la dignidad y los derechos en el centro.

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Natacha Coelho (@natachaccgs)

2/1/2026

personas racializadas y migrantes susteniendo un cartel de la regularización en España
personas racializadas y migrantes susteniendo un cartel de la regularización en España

En el último mes, el debate público en torno al proceso de regularización de personas extranjeras en España ha estado marcado por una fuerte carga de desinformación, discursos de miedo y narrativas deshumanizantes. Frente a los bulos que hablan de “invasión” o “efecto llamada”, los datos y la realidad social muestran otra cosa muy distinta: la regularización no trae gente nueva, hace visibles a quienes ya estaban aquí.

Las personas migrantes llevan años viviendo, trabajando y sosteniendo sectores clave de la economía y de los cuidados. Lo nuevo no es su presencia, sino el reconocimiento de derechos.

Desmontar el bulo del “gran reemplazo”

Uno de los relatos más repetidos en el discurso racista contemporáneo es el del llamado “gran reemplazo”. Sin embargo, no existe ningún plan secreto ni sustitución de población. Lo que existe es una realidad sostenida durante años: personas viviendo sin papeles, trabajando en la economía informal y sin acceso pleno a derechos básicos.

La regularización no crea una nueva población, sino que reduce la irregularidad administrativa, saca a la luz situaciones de explotación y permite que quienes ya estaban aquí puedan acceder a contratos, cotizar y proteger su salud y su vida.

Datos que contradicen el miedo

Los datos laborales y económicos son claros. En 2025, se incorporaron 258.000 personas trabajadoras extranjeras, lo que representa el 42 % de todo el empleo creado ese año. Lejos de “quitar empleo”, la población migrante está siendo protagonista de la creación de trabajo.

Actualmente, de los 3,57 millones de personas ocupadas extranjeras, alrededor de 2,5 millones trabajan en el sector servicios, y 2,2 millones proceden de América Latina. Estos sectores incluyen cuidados, hostelería, limpieza, comercio y atención sociosanitaria, ámbitos imprescindibles para el funcionamiento cotidiano de la sociedad.

El emprendimiento también desmiente el relato del parasitismo. En diciembre se alcanzó un récord histórico de personas extranjeras autónomas: 496.888. De hecho, 8 de cada 10 nuevas altas en el régimen de autónomos corresponden a personas de origen extranjero.

Además, la población extranjera aporta el 10 % de los ingresos de la Seguridad Social y ha contribuido con hasta una cuarta parte del incremento del PIB per cápita entre 2022 y 2024. Estos datos desmontan cualquier discurso que pretenda presentar a las personas migrantes como una carga.

La sanidad no colapsa por migrantes

Otro de los bulos recurrentes es el supuesto colapso de la sanidad debido a la migración. La realidad apunta en otra dirección: la falta de profesionales sanitarios, la reducción de recursos y las decisiones políticas son los factores que tensionan el sistema. La regularización, lejos de empeorar la situación, permite incorporar a profesionales formados que ya estaban trabajando en condiciones precarias, muchas veces sin reconocimiento oficial.

Cuando el miedo se convierte en herramienta política

Los discursos que convierten a un grupo social en “amenaza” siguen un patrón histórico conocido: deshumanización, señalamiento y normalización de la violencia simbólica. Presentar a personas sin derechos, sin poder y sin armas como una invasión es una estrategia de propaganda que desvía la atención de quienes realmente concentran los recursos y el poder.

No se trata de opiniones individuales, sino de miedo organizado convertido en discurso cotidiano.

Poner la vida en el centro

Desde Mujeres Afro (en) Canarias (MAFROCAN) consideramos imprescindible situar este debate en términos de derechos, dignidad y cuidado comunitario. Regularizar no es un gesto de generosidad, es una responsabilidad democrática. Permite combatir la explotación laboral, fortalecer el sistema de protección social y reconocer la aportación real de quienes ya forman parte de esta sociedad.

Hablar de regularización sin desmontar el racismo que la rodea es insuficiente. Nombrar la realidad, cuestionar los bulos y devolver humanidad allí donde se ha instalado el miedo es parte del trabajo colectivo que necesitamos sostener.

Porque no nos están quitando nada.
Nos están vendiendo miedo.
Y frente al miedo, la realidad y los derechos siguen siendo la mejor respuesta.