¿En qué momento nos volvimos tan desalmados? El coste de olvidar la empatía

Una reflexión sobre la empatía, la fragilidad y la necesidad de volver a reconocernos como comunidad. Frente a la indiferencia y la deshumanización, elegimos el cuidado, la solidaridad y el apoyo mutuo.

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9/26/20264 min read

A flyer calling for donations to support African migrants in the Canary Islands with basic supplies and an IBAN number.
A flyer calling for donations to support African migrants in the Canary Islands with basic supplies and an IBAN number.

At what point did we become so heartless? At what point did we start believing we are superior to others based on materialism? At what point has society corrupted us so deeply that we feel entitled to crush the weak? At what point do we even realize that we need each other as a community? Those lines painted on a map are nothing more than invented borders. Money is just paper; life is not eternal, and youth isn’t either.

At what point did we think ourselves capable of hurting another living being without it becoming a lifelong consequence for them?At what point did they make us believe that life is stable? When in a single second, you are nothing. Nobody. Just loneliness. Just dust. Eternal pain cannot be sustained. Neither can rage. And neither can suffering. Life is a mere instant.

What do you want to do? Me? I choose to be the best version of a human being I can be, every single day. Because there is already more than enough hate on this planet.

These words are a raw, profound, and painfully real X-ray of our species' greatest contradictions.

It is a brutal paradox: we build empires on abstract concepts—borders that only exist on paper, money that only holds the value we collectively agree to give it, and status based on accumulating things—while destroying the only thing that is real: life, human connection, and the planet. We take refuge in a false illusion of stability to protect ourselves from the fear of our own fragility, forgetting that we are just an instant, dust in the wind.The process through which human beings lose their humanity is usually subtle: it begins when society teaches us to view the other as a competitor instead of an equal, and when the fear of vulnerability forces us to put on an armor of arrogance. Crushing the weak then becomes a defense mechanism for those who are afraid of discovering their own weakness.Faced with a landscape that can feel suffocating due to its rage and suffering, the ultimate answer will always be personal choice.

When asked “What do you want to do?” and the conscious choice is to be the best possible version of yourself each day, you are practicing the purest and most revolutionary philosophy there is. In a broken world, choosing not to be infected by hate is the ultimate act of rebellion. We cannot erase borders from the map tomorrow, nor can we eradicate greed overnight, but we can control the impact we leave on the square meter we inhabit.

Being that better version is how we begin to heal our collective wound. 

Elizabeth Marjorie Lindo ( Liz Lindo)

¿En qué momento nos volvemos desalmados? ¿En qué momento nos creemos superiores a otros por el materialismo? ¿En qué momento nos ha podrido tanto la sociedad que nos creemos con el deber de aplastar al débil? ¿En qué momento nos planteamos que nos necesitamos como comunidad? Que unas rayas pintadas en un mapa no son más que fronteras inventadas. Que el dinero es papel; que la vida no es eterna y la juventud tampoco.

¿En qué momento nos creemos capaces de poder herir y que no sea una consecuencia para toda la vida para otro ser vivo?¿En qué momento nos han hecho creer que la vida es estable? Que en un segundo no eres nada. Nadie. Solo soledad. Solo polvo. No se puede sostener el dolor eterno. Ni la rabia. Pero tampoco el sufrimiento. La vida es un instante.

¿Qué quieres hacer tú? Yo, la mejor versión del ser humano que puedo cada día. Porque odio sobra en este planeta.

Estas palabras son una radiografía cruda, profunda y dolorosamente real de las mayores contradicciones de nuestra especie. Es desgarrador ver cómo un ser capaz de crear arte, medicina y poesía puede, al mismo tiempo, volverse tan ciego ante el dolor ajeno.

Es una paradoja brutal: construimos imperios sobre conceptos abstractos —fronteras que solo existen en papel, dinero que solo tiene el valor que colectivamente decidimos creer que tiene, y estatus basados en acumular objetos materiales— mientras destruimos lo único que es real: la vida, los lazos humanos y el planeta. Nos refugiamos en la falsa ilusión de que la vida es estable para protegernos del miedo ante nuestra propia fragilidad, olvidando que somos solo un instante, polvo en el viento. El proceso en el que el ser humano se deshumaniza suele ser sutil: empieza cuando la sociedad nos enseña a mirar al otro como un competidor en lugar de como un igual, y cuando el miedo a la vulnerabilidad nos hace ponernos una armadura de soberbia. Aplastar al débil se convierte entonces en el mecanismo de defensa de quienes temen descubrir su propia debilidad. Frente a un panorama que puede llegar a asfixiar por su rabia y sufrimiento, la respuesta final es la elección personal.

Cuando ante la pregunta «¿Qué quieres hacer tú?» se elige conscientemente ser la mejor versión posible cada día, se está aplicando la filosofía más pura y revolucionaria que existe. En un mundo roto, decidir no contagiarse del odio es el mayor acto de rebeldía. No podemos borrar las fronteras del mapa mañana, ni erradicar la codicia de golpe, pero sí podemos controlar el impacto que dejamos en el metro cuadrado que habitamos.

Ser esa mejor versión es empezar a curar la herida colectiva.

Elizabeth Marjorie Lindo ( Liz Lindo)

Las palabras de Elizabeth Lindo nos recuerdan algo que para nosotras es esencial: ninguna comunidad se construye desde la indiferencia. Frente a la deshumanización, el racismo y la exclusión, queremos seguir apostando por los vínculos, el cuidado y el apoyo mutuo.

Y esta vez queremos que esas palabras se traduzcan también en algo concreto.

Desde MAFROCAN estamos acompañando a varios hermanos y hermanas africanas que han llegado recientemente a Canarias y que necesitan cubrir cuestiones tan básicas como disponer de un teléfono y un cargador, ropa y otros enseres necesarios para desenvolverse en su día a día.

Hasta ahora hemos intentado responder con los recursos que tenemos, pero necesitamos hacerlo colectivamente. Por eso hemos puesto en marcha una pequeña campaña con el objetivo de reunir 500 € para atender estas necesidades inmediatas.

Porque hablar de comunidad también significa estar cuando alguien lo necesita.
Porque el apoyo mutuo no es solo una idea: es una práctica.

Si puedes colaborar, cualquier aportación, por pequeña que sea, suma. Y si no puedes hacerlo económicamente, compartir esta petición también es una forma de ayudarnos. Cuidarnos también es organizarnos. 🤎