Tolerancia cero con la mutilación genital femenina: una violación de derechos que sigue afectando a millones de niñas
Cada 6 de febrero, el Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina nos recuerda que esta práctica sigue afectando a millones de niñas y mujeres en todo el mundo. A partir de datos de UNICEF y organismos internacionales, esta entrada aborda la mutilación genital femenina como una grave violación de los derechos humanos, analiza sus consecuencias físicas y psicológicas, y alerta sobre el aumento del riesgo en contextos de crisis. Desde una mirada comunitaria y de cuidado, el artículo subraya la necesidad de un compromiso político firme y una responsabilidad colectiva sostenida para proteger a las niñas y erradicar esta violencia.
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Natacha Coelho (@natachaccgs)
2/7/2026


El pasado 6 de febrero, como cada año, se conmemoró el Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina (MGF), una fecha reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 2012 para visibilizar una de las formas más graves de violencia contra mujeres y niñas en el mundo. Desde MAFROCAN, agradecemos el compromiso de todas las personas y entidades que se suman a esta lucha y recordamos que poner fin a la MGF requiere voluntad política firme y una responsabilidad colectiva sostenida en el tiempo.
La mutilación genital femenina engloba todos los procedimientos que alteran o lesionan los órganos genitales femeninos por motivos no médicos. Se practica mayoritariamente en la infancia, entre la lactancia y los 15 años, y no aporta ningún beneficio para la salud. Por el contrario, constituye una vulneración directa del derecho a la salud, la integridad física, la seguridad, la protección frente a la violencia y, en los casos más extremos, del derecho a la vida.
Una realidad global y persistente
Según datos de UNICEF, más de 230 millones de mujeres y niñas han sobrevivido a la mutilación genital femenina en al menos 30 países de África, Oriente Medio y Asia. Cada año, alrededor de 4 millones de niñas están en riesgo de sufrir esta práctica, y se estima que 44 millones de niñas menores de 14 años ya han sido mutiladas.
Las prevalencias siguen siendo especialmente elevadas en países como Gambia (56 %), Mauritania (54 %) e Indonesia, donde aproximadamente la mitad de las niñas de 11 años han sufrido algún tipo de mutilación genital. Aunque la MGF se concentra principalmente en estas regiones, se trata de un problema global, presente también en comunidades migrantes que viven en Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda.
Consecuencias físicas y psicológicas a largo plazo
La mutilación genital femenina tiene graves consecuencias inmediatas y duraderas. Entre las complicaciones físicas se incluyen dolor intenso, hemorragias prolongadas, infecciones graves, quistes, problemas urinarios, infertilidad y un mayor riesgo de transmisión del VIH. En algunos casos, las complicaciones derivan en la muerte.
Las mujeres que han sido mutiladas también presentan mayores riesgos durante el embarazo y el parto, como hemorragias posparto, muertes fetales o mortalidad neonatal.
En el plano psicológico, los efectos pueden manifestarse como pérdida de confianza en las personas cuidadoras, ansiedad, depresión, estrés postraumático y trauma persistente, afectando la vida emocional y relacional de las mujeres a largo plazo.
Crisis globales y aumento del riesgo
UNICEF ha advertido que el contexto reciente de crisis globales, como la pandemia, ha incrementado el riesgo de mutilación genital femenina en la próxima década. El cierre de centros educativos y la suspensión de programas comunitarios de prevención y protección han dejado a muchas niñas sin redes de apoyo, aumentando su exposición a esta práctica.
Prevención, derechos y trabajo comunitario
La erradicación de la MGF es posible. En las últimas décadas, millones de comunidades han abandonado esta práctica gracias a estrategias sostenidas de educación, diálogo comunitario, empoderamiento de mujeres y niñas, y formación de profesionales sociosanitarios. UNICEF, Médicos del Mundo y otras organizaciones trabajan junto a comunidades, liderazgos locales, profesionales y supervivientes para promover cambios sociales duraderos.
No se trata de señalar culturas, sino de proteger derechos humanos fundamentales. La mutilación genital femenina es una forma de violencia basada en género que debe abordarse desde la prevención, la protección de la infancia y el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud, educación y servicios sociales.
Desde MAFROCAN reiteramos que no hay tolerancia posible frente a una práctica que daña cuerpos, vidas y futuros. Erradicar la mutilación genital femenina exige compromiso institucional, recursos suficientes y un trabajo comunitario respetuoso que ponga en el centro la dignidad, la escucha y la protección de niñas y mujeres, hoy y siempre.


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