Cuando el daño se normaliza: racismo cotidiano y salud emocional en comunidad
Cuando el racismo se vuelve cotidiano y se normaliza, el daño se filtra en la salud emocional de las mujeres y feminidades negras, africanas y afrodescendientes. Esta reflexión desde Mujeres Afro (en) Canarias pone palabras al cansancio, la invalidación y el desgaste emocional, y reivindica el cuidado comunitario, la escucha y el acompañamiento como prácticas de reparación colectiva.
ARTÍCULOS
Natacha Coelho (@natachaccgs)
12/17/2025


Muchas mujeres y feminidades negras, africanas y afrodescendientes hemos escuchado más de una vez — directa o indirectamente — que ciertas actitudes racistas que percebimos “no son para tanto”, que exageramos, que somos demasiado sensibles, que deberíamos ser más fuertes. Somos educadas para ser más resilientes, más capaces de aguantar. Ciertas frases y comportamentos, aparentemente neutros o incluso bienintencionados, forman parte de una violencia silenciosa que atraviesa nuestras vidas cotidianas y que rara vez es reconocida como tal.
Desde Mujeres Afro (en) Canarias (MAFROCAN), nos detenemos a pensar juntas estas experiencias porque sabemos que no son individuales ni anecdóticas. Tienen nombre, tienen estructura y dejan huellas profundas en nuestros cuerpos, en nuestra salud emocional y en la manera en que habitamos los espacios sociales, institucionales y comunitarios.
Cuando el daño se niega y se devuelve como culpa
Existe una forma de violencia que no grita, no insulta abiertamente y no siempre deja marcas visibles. Es una violencia que opera a través de la negación, la minimización y el desplazamiento de la responsabilidad. Cuando una mujer negra nombra una experiencia de racismo y recibe como respuesta “seguro que no fue así”, “no era su intención” o “te lo estás tomando demasiado personal”, no estamos ante un simple malentendido. Estamos ante una forma de invalidación que descoloca, confunde y desgasta.
Desde la salud comunitaria sabemos que este tipo de dinámicas tienen efectos acumulativos. Este mecanismo, conocido como gaslighting racial, hace que quien sufre el daño empiece a dudar de sí misma, de su percepción y de su derecho a nombrar lo que vive. Poco a poco, el foco deja de estar en el racismo estructural y se traslada a nuestras emociones, a nuestra forma de reaccionar, a nuestra supuesta fragilidad.
La trampa del discurso de la resiliencia
En este contexto, la resiliencia se convierte en una exigencia injusta. Se nos pide fortaleza frente a sistemas que no cambian, paciencia frente a violencias que se repiten, comprensión frente a instituciones que no se responsabilizan. La resiliencia, cuando se plantea como una solución individual, termina funcionando como una forma de silenciamiento: si no puedes más, el problema es tuyo; si te duele, es porque no sabes gestionar.
Desde una mirada afrofeminista y desde el acompañamiento psicosocial comunitario, sabemos que esto no es verdad. El problema no es la falta de fortaleza individual, sino la persistencia de estructuras que normalizan el racismo, lo invisibilizan y lo hacen cotidiano. Pedir resiliencia sin transformar las condiciones que generan el daño es otra forma de violencia.
Pensarnos desde Canarias: territorio, colonialidad y silencios
En el contexto canario, estas dinámicas adquieren formas específicas. El racismo suele presentarse como inexistente o anecdótico, diluido entre discursos de convivencia, mestizaje o folclore. Sin embargo, muchas de nosotras reconocemos bien la exotización, el cuestionamiento constante de nuestra pertenencia, el acoso en espacios educativos, laborales y culturales, y el cansancio profundo de tener que explicar una y otra vez lo evidente.
Nombrar estas experiencias no es dividir. Nombrarlas es cuidar. Es generar lenguaje para lo que durante demasiado tiempo se nos pidió callar. Es también una forma de reparación colectiva.
Del desgaste individual al sostén comunitario
Por eso, desde MAFROCAN insistimos en la importancia de la comunidad como espacio de salud. Frente al aislamiento, el encuentro. Frente a la duda, la validación compartida. Frente al mandato de “aguantar solas”, el cuidado mutuo y la creación de espacios seguros donde podamos hablar sin miedo a ser deslegitimadas.
Leer, reflexionar y escribir juntas sobre estos temas es también una práctica de sanación. Nos permite comprender que no estamos solas, que lo que sentimos tiene sentido y que nuestras emociones no son debilidades, sino respuestas humanas a violencias estructurales sostenidas en el tiempo.
Cerrar esta reflexión no significa cerrar el tema. Es abrir una conversación necesaria. Una invitación a dejar de exigir resiliencia a quienes ya están sosteniendo demasiado y a empezar a poner el foco donde siempre debió estar: en la transformación colectiva, la justicia racial y el cuidado comunitario como horizonte político y vital.
Porque resistir no debería significar soportarlo todo.
Y porque vivir con dignidad, acompañadas y en comunidad, sigue siendo — para MAFROCAN — una forma consciente y amorosa de construir futuro 🤎🤎🤎.






© 2025 MAFROCAN Mujeres Afros (en) Canarias . Todos los derechos reservados.
Síguenos
afroscanarias@gmail.com
